Andaba por las calles lentamente. Estaba enfadada, Cassidy no tenía razón siempre, no siempre lo sabía todo. Es una engreída y una tonta, y no pienso volver a escucharla nunca más, me decía para mis adentros.
Era de noche, yo deambulaba por la ciudad como un fantasma, pues eso era lo que parecía, un fantasma.
Andaba por distintos barrios de un modo fúnebre.
La odiaba, definitivamente, la odiaba...¿Por qué siempre tiene que destrozarme mis sueños? ¿Por qué? De verdad no lo comprendo.
La odiaba, definitivamente, la odiaba...¿Por qué siempre tiene que destrozarme mis sueños? ¿Por qué? De verdad no lo comprendo.
Ella no es mala, en verdad no la odio, solo estoy enfadada y triste, y a la primera que culpo por ello es a mi hermana, pero ella no tiene la culpa.
Cassidy siempre me ayuda en todo, y me da muchos ánimos.
Siempre me sonríe y me dice: "No te preocupes, Yo estoy aquí".
Ella me protege y me cuida, hace siempre lo mejor, y nunca me cuenta una mentira. Dice las cosas a la cara, aunque duelan, porque según ella, ahora hacen daño, pero cuanto antes lo entiendas, antes pasará.
Y tiene toda la razón.
En verdad la quiero, pero está vez, el daño ha sido muy fuerte y tardará en pasárseme.
Me encontró en mi cuarto, y como todos los días, entró. Pero no sin antes llamar.
Yo estaba pegando las fotos de Brad en mi diario, junto a un párrafo que había escrito sobre él.
Brad es, sin duda, el chico más guapo del instituto.
Es el número uno; tiene dinero; belleza, pues es rubio con los ojos azules; ingenio, aunque de eso más bien poco...Pero lo mejor es que es el capitán del equipo de fútbol. Es el mejor.
Todas las chicas suspiran a su paso.
Aunque yo tampoco me quejo, soy bastante guapa, ya he salido con más de veinte chicos.
Soy la capitana de uno de los equipos de voleibol del colegio, hay dos; el equipo A y el B.
Mi nombre es Eileen, tengo diecisiete años, soy morena y mis ojos son verdes pardos. No, no me puedo quejar.
Pero claro, luego está Clarisse, la otra capitana de voleibol.
Es una chica súper-molesta, es lo peor. Siempre está insultando a la gente y tratándolos como si ella fuera la reina, y los demás sus esclavos. Toda una niñata. ¿ Por qué siempre tiene que haber alguna de esas en cualquier sitio? Ni idea.
Lo que más me irrita es que se pasa los días coqueteando con Brad. (Aunque tampoco es que el le haga mucho caso...)
Dejando mis pensamientos atrás, estoy triste, es más las lágrimas salen de mis ojos sin remedio y viajan a gran velocidad hacía el suelo. Llorar es lo único con lo que consigo deshaogarme.
El enfado, más que con mi hermana es conmigo misma.
Ella al entrar en mi cuarto y ver lo que estaba haciendo, comenzó a hacer uso de sus leyes, y fue con la verdad por delante.
Dijo que Brad era un niñato y un desalmado, que no se merecía estar conmigo, que no merecía a nadie.
Claro como con ella ya salió...
Yo le grité y le dije que la odiaba, que no quería volver a verla, y que ojalá se muriera.
Esto último nos llegó hondo a las dos. La verdad, nunca quise decir eso. Pero estaba tan enfadada que no pude controlar lo que decía.
Yo seguía deambulando por los barrios de mi ciudad, Dahiana.
Ya eran las tres de la madrugada, seguro que si mi madre me viera volver ahora se pondría como loca, pero sino volvía se preocuparía.
Así que me limpie las lágrimas, despejé mi mente y di media vuelta.
Tras minutos andando, me di cuenta de que me estaba perdiendo. No sabía dónde estaba.
Me asusté. Corrí, y corrí cuanto pude, intentando encontrar el camino a casa. Me asusté más, ya no sabía para dónde ir.
Finalmente, me derrumbé. Me senté en el suelo, en una esquinita de aquella fúnebre y fría calle.
Metí la cabeza entre las piernas para no ver nada, solo oscuridad.
Metí la cabeza entre las piernas para no ver nada, solo oscuridad.
Volví a llorar. Lloré y lloré cuanto pude.
Tras un rato de lloros incontrolables y gritos de sufrimiento, saqué la cabeza de entre las piernas, y vislumbré algo, más bien, a alguien.
Tras un rato de lloros incontrolables y gritos de sufrimiento, saqué la cabeza de entre las piernas, y vislumbré algo, más bien, a alguien.
Levanté del todo la cabeza como un acto reflejo y me puse de pie.
-No tengas miedo.-Dijo la sombra con una cálida y dulce voz.-No te haré daño.-
Yo no respondí, solo lo admiraba. Era un chico de unos dieciocho años más o menos, de pelo corto y castaño y ojos color aguamarina. Era incluso si lo pensabas más guapo que Brad.
-Solo quiero ayudarte.-Dijo casi en un susurro.-Por favor, déjame hacerlo.-
-¿Q-q-qui-...?-Tartamudeé.
No lo conocía...
-Perdón, mi nombre es Kevin, Kevin Lockser.-
Ya sabía su nombre, pero aún no me sentía segura, pues no tenía idea de quién era...
-Sé que no confías en mi, pero solo...Ven conmigo.-
Dicho esto, Kevin, me agarró suave, pero a la vez fuertemente la mano, y echó a correr conmigo a su lado.
Su mano me transmitía un gran calor, y a la vez, una gran confianza.
Recorrimos, casas, calles, e incluso barrios enteros, hasta que por fin, paró.
-Llegamos-Dijo solamente.-Bueno, me voy. Hasta luego.-
Como despedida me guiña un ojo y me dedica una amplia sonrisa.
-Nos vemos.-
-A-a-adiós-s...-Respondo ya más feliz.
Finalmente vuelve a sonreirme y, antes de que puede darme cuenta, desaparece.
Quedo un poco sorprendida por la rapidez en que lo realiza, pero no le doy importancia.
Me giro para localizar dónde me encuentro, y, una inmensa felicidad, y un gran agradecimiento hacia esa misteriosa persona, entran en mi cuerpo.
Estoy en frente de mi casa. Sonrío y pienso: "Gracias".
No es que me halla quedado muy bien, pero... bueno, no me puedo quejar x) ;)
ResponderEliminarEsta muy bien blanca :) Realmente bien, el relato engancha.
ResponderEliminar