Vi una sombra. Allí, conmigo, había alguien.
Me asusté, mi corazón se aceleró. Había tantas pulsaciones en él que creía que iba a explotar.
-Tranquila,- Dijo la sombra.-No te haré daño.-
El extraño dio un paso hacia delante y lo reconocí en ese mismo instante.
Mi corazón se aceleró aún más.
¿Por qué aquí? ¿ Por qué ahora? No quiero que me vea llorando...Pero, no puedo....dejar de...llorar...
Las palabras volaron por mis pensamientos como pájaros en el cielo. Sonaban suaves, elegantes, libres, ligeras...
-Pequeña Leenie.-
¿Pequeña, me había llamado pequeña? Aún así de mi boca no salió ni una sílaba. Las palabras llegaban a mi garganta, pero cuando iban a ser pronunciadas se desvanecían, como si nunca hubieran existido.
Él se acercó a mí.
Al verme más de cerca se dio cuenta.
-¿Lágrimas? Otra vez...-
Se acercó más a mí, y sin decir nada, me abrazó. Me protegió con sus fuertes brazos del triste mundo en él que ahora vivía.
De repente, empecé a sentir un calor que me recorría todo el cuerpo, y al mismo tiempo una sensación de felicidad. Sólo él podía abrazarme con tal calidez. Sólo él...
Sin decir palabra nos quedamos allí sentados, abrazados, unos instantes, unos instantes en los que sentí un bombardeo de sentimientos en mi interior.
Mi corazón estaba más acelerado que nunca. Iba tan, tan rápido, que casi no me daba tiempo a respirar.
-Cass-i-...- No podía pronunciar el nombre de mi hermana sin echarme a llorar.
-Lo sé. No pienses en ello. Yo estoy aquí.-Al decir esto me abrazó con más fuerza, como haciéndomelo saber, pero a la vez con mucha delicadeza, por si acaso me pudiera romper en mil pedazos.
Hubo unos largos minutos de silencio, en los que lo único que importaba era que él estaba allí...
Pero el silencio no duró mucho. Otra lágrima cayó en picado desde mi rostro hasta el frío y oscuro suelo.
-Kevin...-Una lágrima corrió atravesando mi rostro fácilmente hacia abajo.
-No digas nada, solo, abrázame.-Susurró en mi oído con dulzura.
En ese momento rodeó con sus suaves manos mi rostro. Después pasó algo inesperado...
Me besó. Suave y delicadamente posó sus labios en los mios.
Yo le correspondí, comenzando a besar sus labios con dulzura.
En ese instante, sentí que una gran masa de emociones juntas crecía rápidamente, muy rápidamente, dentro de mí.
Mi interior estaba lleno de... mariposas...
Era una sensación única, como ninguna otra.
Era una sensación perfecta.
No quería que el beso acabara, no quería que aquella sensación terminara. No quería separarme de él nunca.
¿ Esto es a lo que llaman amor ?